Depende.. de qué depende?

Pasa el tiempo y me siento cada vez más como Jorge Drexler cuando habla de la “edad aquella en la que la certeza caduca”.  Y quizás por esto este posteo hace referencia a una canción de fines de los 90. Tal vez es la edad, pero realmente me preocupa que en pos de definirnos y que los otros nos conozcan más, nos obsesionamos tanto por encontrar el nombre que define aquello que hago, que pienso o que soy. Y es que veo que vivimos en un mundo lleno de “-ismos” y esto me preocupa porque acompañado por otras complejidades del momento actual entiendo que nos aleja de una actitud de tolerancia hacia el otro y nos deja aislados y solos.

Hoy en día vivimos en un mundo donde todo tiene un nombre, una tendencia, una escuela o corriente y hasta una metodología. Detrás de cada uno de estas etiquetas, hay personas muy comprometidas con ellos abogando por estas ideas -evangelizando incluso dicen!. De pronto, nuestro mundo se llenó de etiquetas para nombrar cada cosa que hacemos y pensamos y qué fácil que es promover todo esto a un click de distancia! Para hacerlo más complejo, existen una cantidad de algoritmos detrás para que “de casualidad” me cruce con tal o cual artículo que por mera coincidencia es justo confirmatorio de eso en lo que ya estaba convencida o en vías de convencerme.

Así es que nos vamos acostumbrando a estar en interacción permanente con gente parecida a uno. Y vamos lentamente perdiendo la habilidad de convivir con el diferente. Y esto nos pasa en el mundo virtual y en el real. Esto es muy tangible en las ciudades, con resultados francamente dramáticos a mi entender. No encuentro otra manera de describirlo que no sea así: Pareciera que vez se nos está haciendo intolerable la diferencia.

A esto, vivir en la vorágine de tiempos escasos tampoco ayuda, porque por supuesto, las soluciones rápidas y superficiales tienen mucho atractivo.. y si es parecido a lo que ya tenía pensado mejor porque entonces más rápido llegamos a un consenso! Suena razonable, si. Pero puede ser peligroso. Podemos perdernos de mucho.

Debo confesar que por momentos me saturan estos entusiasmos repentinos, modas o incluso fanatismos, posiciones que contraponen una cosa con otra, blancos y negros. Ante todos ellos siento que mi respuesta es de un disco rayado de Jarabe de Palo cantando: depende.. de que depende.. de según como se mire todo depende.

Y acepto mi rol de ser quien pone paños fríos, muchas veces jugando al “abogado del diablo”, haciendo de contra parte que cuestiona. No me molesta estar en este rol, creo que es útil. Pero por momentos he sentido la necesidad de explicar porqué tomo esta actitud.

Lo voy a ir haciendo con ejemplos concretos.

El primero va a ser al individualismo profesado por todas las versiones que hay en la vuelta del discurso “vos enfocate en vos mismo, que te resbalen lo que digan los demás”. Podés leer más sobre porqué creo que esta frase es engañosa en mi próximo posteo.

 

Me muero tranquila si…

La navidad pasada me regalaron el último libro de Pilar Sordo “Educar para sentir”, aunque con lo prolífica que es ella como autora, probablemente ya tenga otro en la vuelta. Allí encontré una frase que me fue refrescante en tiempos de tanta obsesión por “darles todo a nuestros hijos”. Escribe hablando sobre sus hijos: “me voy a morir tranquila cuando los vea nobles, soñadores, trabajadores, honestos y responsables”.

Esta es una pregunta que todos quienes somos o deseamos ser padres nos hemos hecho en algún momento: ¿qué deseo para mis hijos?. Básicamente es una pregunta que nos interpela sobre el objetivo final de nuestro trabajo como padres. Pero también me lo he preguntado con respecto a otros roles en mi vida profesional. ¿Qué deseo para mis alumnos y mis pacientes?. Incluso: ¿qué quiero para la gente con la que trabajo?. 

La verdad es que estoy bastante de acuerdo con esta lista y quería compartir algunos de los motivos porqué.

  1. Nobles. Este adjetivo no se escucha mucho últimamente. Y debo decir que me preocupa la falta de atención que le damos al sentimiento base que motiva nuestras acciones. Esas intenciones iniciales a hacer lo que hago. La nobleza de espíritu es algo que no goza de popularidad. Hoy las motivaciones las tratamos a nivel más superficial e instrumental. Alimentamos poco el idealismo. Es más, me animo a decir que para muchos tiene bastante mala fama. Sin embargo, yo estoy convencida que en el idealismo hay un refugio a la apatía tan extendida y que nuestro mundo necesita de esto.
  2. Soñadores. Ser soñador no tiene que ver con ser un divagado. Se puede tener los pies bien puestos en la tierra, y al mismo tiempo proyectados hacia afuera, hacia nuestros sueños. Como un árbol de esos que tienen raíces bien fuertes con muchas ramas y un follaje maravilloso.
  3. Trabajadores. Si uno sabe donde está, porqué está donde está y a dónde quiere ir tiene gran parte del partido jugado. Pero falta. A eso hay que sumarle trabajo y empeño. Con ese combo cualquiera sea el proyecto, va a salir. Pero este empeño no se enseña hablando, no es algo que se muestra con palabras como hacen algunos personajes muy notorios de la actualidad, sino que se demuestra en actos. Se aprende viendo y poniéndolo en práctica.
  4. Honestos. Necesitamos alimentar la honestidad hacia afuera y hacia adentro. Hacia afuera para poder establecer relaciones íntimas auténticas y duraderas basadas en la confianza mutua. Y también hacia adentro. Salir de la vorágine para nutrir el diálogo permanente con uno mismo. Ir chequeando cada tanto si nuestro pensar, sentir y actuar  están alineados o si nos fuimos perdiendo de lo que es importante para nosotros mismos.
  5. Responsables. La vida es un regalo y cada uno es responsable por cómo la vive. Como adultos no hay porqué esperar pasivamente que otros vengan a resolver los problemas por uno. Si uno se empodera y se hacer cargo de las cosas que le suceden, tiene chances de actuar sobre y cambiar aquello que padece.

No creo que sea una lista definitiva ni imbatible..alguna más pondría sobretodo cuando se trata de mis pequeños. Me voy a morir tranquila si sé que son personas a quienes les importan los demás – humanos y no humanos. Me voy a morir tranquila si crío seres amorosos y amables: llenos de amor y pasibles de ser amados. Pero esta es una buena lista; sobretodo porque nos hace pensar. ¿Cuál es tu lista?

 

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No hubo regalo para las madres

Me cansé del consumismo vacío. Estoy cansada de las publicidades llenas de mandatos sobre cómo hay que demostrar el agradecimiento a las madres desde los regalos y que el amor se mide en el monto gastado en el mencionado regalo. ¡Basta! Lo hacemos en las fiestas, y en cada “fecha de”. Me cansa y me da pena ver como la riqueza del vínculo queda capturada por el consumo.

Recuerdo vívidamente el primer día de la madre en que mi hijo salió con un regalo del jardín hecho por él. Su cara de orgullo, la anticipación de la sorpresa, los preparativos secretos para hacer algo para mí. El acto de regalar en sí mismo. Ofrecer algo de sí para el placer del otro. Simplemente emocionante. Me fascinó ese “portalapices-hecho-de-palillos-con-manitos-pintadas”. No por el objeto en sí. Pero por lo que eso generó en él.

Como Chief People Officer una de mis tareas es pensar qué hacer para el equipo en estas fechas. Y si. Lo veo como una chance más de aportar para cambiar aquello que no me gusta. No me gusta ir a la segura y regalar algo vacío. No me gusta que se mida que tan valoradas son las madres en la empresa según lo caro que es el regalo.

Por esto el año pasado regalamos una experiencia. Un momento para ellas. Un mimo al cuerpo. Un masaje relax. Pero para mi sorpresa, no todas se hicieron el tiempo para ir. ¡Que ingenua yo! Pensándolo tiene sentido.. Si lo que a las madres -y no madres-  nos falta muchas veces es tiempo. Tiempo para pensar en uno mismo. Tiempo para conectar con uno mismo y con los demás.

Como soy terca este año redoblé la apuesta. Seguí sin aceptar hacer aquello de lo que me quejo.

Esta vez apuntamos a todo el equipo. Aprovechar la oportunidad para pensar en nosotros mismos. Regalar una pausa. Un tiempo de reflexión. Así que organizamos una merienda muy rica en la que pudiéramos celebrar a quienes son madres y también para conectar con nuestras madres. Porque si bien en la empresa sólo hay 5 madres, todos somos hijos.

Se armó un circulo de reflexión precioso. Por zoom se sumaron remoto desde el interior del país y del exterior. Y lo mejor, tenemos lugar para muchos más aún.

Pudimos hablar esta vez no sobre cómo estamos. Sino que nos concentramos en quienes somos hoy. A través de hablar de nuestras madres pudimos compartir algo sobre de dónde venimos y porqué somos como somos. Por eso se llamó “porque no nacimos de un repollo ni nos trajo la cigueña”.

Intentó ser un espacio para conocernos más: a nosotros mismos y a los demás. Poder zafar de los estereotipos de la maternidad idealizada y consumista. Aprovechar la oportunidad para seguir apostando a cuestionarnos sobre los roles tradicionales de género y apostar por mayor igualdad.

¡Qué ambicioso suena esto! ¿y saben qué? Fue mucho más.

En el equipo tenemos mucha gente que no tiene a sus madres cerca por distintos motivos. Sus lágrimas (ups. si.. hubo alguna lágrima también) nos emocionaron y pudimos acompañar y escucharlas. Con cada historia, nos fuimos poniendo en el lugar del otro.

En tiempos obsesionados con aprender “soft skills” nos encontramos ante una dificultad de base. No hay manera de aprender a ser empático teóricamente. No hay clases ni trucos para ser más empáticos que den frutos realmente más que empezar a ejercitarla. Por supuesto que esto se hace en el día a día. Pero también es cierto que hay mil maneras de zafar de esas conversaciones más sentidas. Esta vez, nos metíamos de lleno. A conciencia. Y a hablar nada más ni nada menos que de las madres! Y en mi humilde opinión, esto fue una experiencia maravillosa.

Tender puentes con los otros. Nos enriquece por donde lo miremos. Que nos conozcan más ayuda a que sean más amables y tolerantes con nosotros. Y nosotros con ellos. Esta vez aparte, pensamos en nuestro presente a la luz de nuestro pasado y con un pie en una posible proyección a futuro -para algunos más cercano que para otros. Porque nada dice futuro como los hijos!

A través de las distintas historias pudimos pensar en cómo es posible integrar a nuestros hijos actuales o futuros a nuestra vida cotidiana. Considerar y valorar el cuidado del otro – hijos u otros seres queridos – como parte prioritaria de nuestras vidas sin dejar de lado nuestra realización personal y profesional. Apostar por ser personas que podamos salir de nosotros mismos y volcarnos a los demás no desde la obligación sino desde el amor.

Nos conectamos con nuestras madres no desde el reproche infantil sino desde el agradecimiento de un adulto hacia otro. Valorando lo que pudieron darnos. Hasta pudimos abrir una puerta a pensarnos en un futuro como adultos responsables de otros, no desde lo que se pierde en el acto de maternar sino desde el plus que nos da la experiencia de cuidar. Todo esto sin dejar de vista que como equipo somos parte de una red de sostén y lo importante que es  cuidar a quienes cuidan.

¡Una maravilla de encuentro! ¡Gracias a todos quienes se animaron a venir!

 

Gracias Sr. Casciari

Estoy fascinada  con Hernán Casciari. Es cierto. Su voz me transporta. Su narrativa me envuelve. La mezcla de humor y melancolía me llega. Y las escenas mínimas que narra me hacen reflexionar y sobretodo me resultan entrañables. ¿Qué más se puedo decir? Por si aún no conocés su obra está en varios formatos: posteos de blog, revistas, novelas, en el kindle, en spotify, en youtube, inclusive en la radio. Estoy en una Casciari-fiebre. Lo se. Pero es que sus textos son  cortos y amigables con la etapa de la vida en la que estoy.

Hoy quería  comentar su libro “El nuevo paraíso de los tontos” que versa sobre las mismas preguntas de siempre pero atravesadas por la tecnología. En particular el último texto: los justos. Este texto explora escenas de la vida cotidiana con respecto a la tecnología que distan de ser el mismo relato distópico y negativo de siempre. Me gusta porque hace foco en el sentido de comunidad global, en el uso de la tecnología con sentido. Y cómo cuando agregamos sentido  a nuestro uso de las tecnologías hacen nuestra vida mucho mejor. Mejoran nuestra calidad de vida en los grandes actos, y también en cosas cotidianas como hace referencia el cuento. Esos espacios que han sido invadidos por internet y todas las  oportunidades que nos ofrece nos acercan mucho a un sentido de comunidad.

 

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El mundo de Sofía

Mi corazón explota de  alegría. Literalmente siento el efecto multiplicador que tiene el amor. Lo  sentí cuando nos casamos. Lo sentí cuando nos vimos enfrentados a las  peores pesadillas. Y lo sentí en las mayores alegrías de la vida.

Apostar al amor en todas sus formas, en su sentido más amplio, amplía nuestra  vida: es una experiencia de profunda trascendencia. Logramos salirnos de uno mismo; ir mucho más allá. Estamos en el centro al inicio, pero como en la cubeta de ondas se va replicando, hasta alcanzar lugares impensados.

El  nacimiento de nuestra segunda hija y todo lo que ha rodeado esta etapa es una de esos ejemplos. A riesgo de toda cursilería y de sonar hippie: quería compartir con ustedes las  sabiduría máxima que quiero poder transmitirle a este pequeño ser que llegó a este mundo hace unos días: el rol central del amor en  la vida.

La vulnerabilidad y el embarazo

Esto lo escribo embarazadísima y las hormonas me tienen muy movilizada. Advierto. Es mi segundo embarazo, y como vino con alguna complicación, hace 11 semanas que estoy en reposo absoluto. Insisto. Están advertidos.

Para alguien acostumbrada a hacer muchas cosas; ayudar y cuidar a los demás esta quietud ha sido un desafío. Pasar del rol de ser activamente quien cuida, al de ser quien es cuidada y atendida en todo,  fue un shock. No me entiendan mal, no todo es malo. Hasta por momentos lo estoy disfrutando, pero sin dudas ha sido desafiante.

Un cambio repentino. Sobretodo un cambio movilizante porque me recuerda que el valor que tenemos es por quiénes somos. Por nuestro ser, no por lo que hago, ni mucho menos por lo que tengo. Esta situación no me deja escudarme en mi habilidad. En lo que sé hacer. Yo no puedo moverme, de eso depende mi bebé. Para ella soy una incubadora humana. Y esto me deja a mí muy vulnerable. Necesito de la ayuda de los otros, y nuestra bebé depende 100% de que deseen ayudar a su madre. Su red es mi red. 

Padecer esta vulnerabilidad es una manera de vivirla. Confieso, por momentos intenté controlarla y hasta hacer de cuenta que no estaba y ocupar todos esos espacios de otra manera. Es que cuesta despojarse de la ilusión que una puede. Pero esto dura hasta que la vida te recuerda que nadie puede solo.

Este reposo por ser tan largo fue una oportunidad más de experimentar la vulnerabilidad desde otro lugar. Me dió tiempo para aceptarla, pude compartirla más y dejar que surjan las distintas respuestas de mi red de apoyo. Sin expectativas. Intenté despojarme del deber ser. No asumí quién debería tomar ciertos roles. Dejé que los Otros me sorprendieran. ¡Y cómo me sorprendieron!.

Lo que sucedió fue una maravillosa cosecha de todo lo sembrado en este tiempo.  Las relaciones de confianza, las relaciones auténticas que establecí con otros, hizo que muchas personas queridas se acercaran cada una a su manera. Muchas veces más allá de lo socialmente esperado.

No tengo palabras; es pura emoción lo que hemos vivido en este tiempo. ¡Gracias a todos quienes conforman esta maravillosa red!

Ya queda menos de esta etapa.

Light phone 2: ¿La solución a nuestra adicción al celular?

Fue el lanzamiento del celular minimalista. El celular que como tiene tinta electrónica nos va a salvar de nuestra adicción al dispositivo. O al menos así lo promocionan. Me parece una buena idea un celular con estas características, pero no por ese motivo.

Las adicciones no surgen por las sustancias o los objetos o las personas. Estos no tienen la responsabilidad sobre el tipo de vínculo que uno establece. Somos los adultos quienes establecemos vínculos de dependencia con las sustancias, los objetos o las personas. Si no aceptamos esta condición, no vamos a poder desprendernos de esas adicciones nunca.  Por esto, plantear que la solución es tan sencilla como sacar los colores y el brillo al dispositivo, me parece que es considerar que somos demasiado básicos.

Sin embargo, sí creo que puede ayudar a romper la fascinación que muchos tienen con el celular. La falta de creatividad y de recursos en la que muchos adultos están sumidos a la hora de “distraerse”. Y tal vez así muchos padres, abuelos o personas a cargo de niños chicos dejen de creer que tienen que darle siempre el celular a los más pequeños para que “se calmen” y simplemente los dejen hacer aquello que ellos mismos olvidaron: observar el mundo que los rodea y dejarse maravillar.

Noticia: https://www.elpais.com.uy/vida-actual/light-phone-telefono-celular-minimalista-pantalla-tinta-electronica.html

Foros y la agresividad a flor de piel

Las redes sociales, foros de noticias, y otros espacios virtuales parecen ser espacios privilegiados para la intolerancia, la respuesta fácil y las posturas dicotómicas del tipo blanco y negro.

Paso para abajo en mis dispositivos el día después del Día Internacional de la Mujer y me asusta ver como simplificamos el pensamiento.  Los temas pueden ser variados, pero lo que tienen en común es que los puntos de vista extremistas son abrazados irreflexivamente, tomando bandos rápidamente; ¡como si de bandos se tratara!

Se ha priorizado el “estar informados” por sobre los espacios de reflexión.  Estamos bombardeados con noticias. Nos aparecen noticias que ya vienen filtradas acorde al algoritmo de turno que asume que me va a ser de interés o no.

Leemos muchísimo. Si. Nuestros ojos permanentemente están mirando pantallas. Pero es más y más de lo mismo. Las plataformas y medios que privilegiamos nos terminan exponiendo cada vez menos a voces discrepantes con nuestras ideas. Y si bien esto es rápidamente entusiasmante porque nos muestra que hay otros que piensan parecido a nosotros y nos brinda una ilusión de comunidad virtual; también nos aleja de nuestra capacidad de dialogar con quienes son distintos a nosotros.

Instancias como el Día Internacional de la Mujer dentro de los grandes objetivos que tienen es generar consciencia sobre realidades que no conocemos. Dejemos de gritarnos los unos a los otros, levantemos la mirada, ejercitemos una escucha empática y no perdamos estas oportunidades para aprender de los otros.

Fake it till you make it

Los estadounidenses son muy buenos haciendo sloganes. Para todo tienen frases que suenan bien y son fáciles de recordar. Una es “fake it till you make it”. Plantean que si algo lo repetís lo suficiente, en algún momento te va salir natural.

Esto a mi me genera dos grandes dudas:

  1. ¿Es esta la mejor estrategia? ¿O habrá otro camino?
  2. Aún si sale, la pregunta es: ¿a qué costo?.

En el caso de las habilidades llamadas blandas, creo que sin duda este no es el camino. Internet y los manuales de liderazgo están llenos de “tips” del tipo: para que la persona se sienta escuchada, asentí con la cabeza, poné el cuerpo de tal manera, no cruces los brazos, mostrá las palmas de la mano.

Como psicóloga recuerdo claramente mi primer sesión con mi primer paciente. Hacía ya unos meses me había recibido, y deseaba iniciar mi ejercicio como profesional independiente con esa primer consulta. Quería que mi paciente se sintiera escuchada y comprendida por mí, así que seguí todos todo todos estos tips. No quería que se sintiera juzgada, así que hice mi mayor esfuerzo por poner esa tan conocida “cara de póquer”.  

¿Qué resultados tuve?

Mover el foco de atención de ella hacia mí. Estaba tan preocupada por todo lo que tenía que hacer, que sin darme cuenta dejé de escucharla.

Lo otro que sé, es que este tipo de checklist lo que hace es generar una sensación de actuación para quien lo hace, al punto de sentir una suerte de vacío donde uno no se reconoce a sí mismo en esa actitud. Ni que hablar, que esta falta de autenticidad en algún momento probablemente caiga y deje expuestas nuestras limitaciones.

Un ejemplo reciente de esto fue cuando Donald Trump se reunió con los jóvenes víctimas del tiroteo en Parkland, Florida.

Mientras hablaba con jóvenes de 17 años que habían sufrido un ataque en su liceo, él tenía en la mano un punteo en el que se ve claramente la frase “I hear you” – te escucho. A mi entender, este tipo de estrategias tiene muy bajo alcance. Pero este ejemplo burdo no es el único que vi. He escuchado a mucha gente querer tener un punteo, como una checklist para que los demás se sientan escuchados.

Porqué en vez de seguir invirtiendo energía en este tipo de respuesta no buscamos otra manera de mejorar nuestras habilidades de escucha. Si no las tenemos, ¡aprendamoslas! ¡Hay mucho que se puede hacer! No nos quedemos satisfechos con “engañar al otro”, con zafar en la reunión, o en la entrevista laboral. Aprovechemos estas oportunidades que nos interpelan y dejan a la luz nuestras debilidades para pulirlas, y potenciarnos.

Noticia: https://www.theguardian.com/us-news/2018/feb/22/i-hear-you-trump-uses-cue-cards-to-remind-him-to-listen-to-shooting-survivors?CMP=fb_gu