¡Cuánto ego en la vuelta!

Hay tanto foco puesto en el liderazgo. Pareciera que el rol deseable para todos es ser líderes. Me pregunto qué pasaría si hubiera menos líderes en el sentido tradicional y hubiera más guías,  más mentores, más compañeros de ruta.  Pensando en esto, me resulta muy atractiva la idea del liderazgo servil.

Estamos alejados aún de la idea de pensar en un líder como en alguien que promueva el desarrollo de las potencialidades de los demás. Sigue vigente la imagen del líder como el súper star. Y es correcto, en la dinámica grupal, alguien va a tomar este rol. Pero, ¿son necesarios tantos?.

A mi me resulta más prometedor vincularme con quienes guían. Me siento mucho más cómoda con quienes se corren de la visión ego-lógica, por una eco-lógica donde el rol de cada uno de los actores en el ecosistema sea reconocido y valorado.

El arte de la escucha

Mucho se habla sobre cómo podemos mejorar como hablamos.  Pero gran parte del éxito en la comunicación se juega antes. Mucho antes. Para ello necesitamos dominar el arte de la escucha. No sólo es importante escuchar al otro, sino también escucharse a uno mismo antes de hablar.

¿Cómo sería esto? Y bueno, ampliar nuestra escucha, y tener esas orejas de conejo bien entrenadas como para poder filtrar las ideas que se nos vienen a la cabeza y ver si esa idea realmente aporta; si es significativo para el otro y sobretodo evitarlo si no aporta para minimizar el ruido en la comunicación.

Discrepo con frases del tipo “yo soy frontal” “a mi si algo se me ocurre voy y lo digo”.  Este tipo de actitudes no están movilizadas por el otro, sino más bien surgen de una posición donde no se está considerando al otro. La motivación para decir eso es personal. No es teniendo al otro en el foco de la comunicación y por ende siempre, siempre va a resultar violento.

Esto por supuesto no quiere decir sólo decir cosas lindas.. Pero si implica entender que hay un tiempo, un lugar y sobretodo una forma de decirlo.  

Todos queremos ser Google

Probablemente muchos quienes trabajamos en empresas vinculadas a la tecnología, queremos que las empresas donde trabajamos se parezcan a Google. Aunque tal vez, esto sea por distintos motivos.

Durante años en mis clases de inglés a jóvenes mostraba documentales sobre cómo era el Googleplex. Y no miento si digo que no importaba lo que estudiaran esos jóvenes. Todos decían: “yo quiero trabajar ahi”.  Es por eso que yo quiero que seamos Google.

Hoy en día, veo cada vez más personas estudiar carreras pensando más que nada en conseguir trabajo. No motivados por una vocación, por un llamado interno a hacer algo especial con sus vidas.  Esto en la industria del software es muy común, ¡hay trabajo asegurado!

A mi me parece que no preguntarse porqué hago lo que hago es desperdiciar una cantidad de oportunidades. Me gustaría que la gente pueda trabajar en lugares donde crezcan. Lugares donde logren construir un proyecto de vida. Trabajos a través de los cuales puedan sentir que aportan a la sociedad y que su vida tiene un sentido más allá de uno mismo.

Quienes trabajan en empresas de TI en Uruguay tienen la oportunidad de trabajar y participar en proyectos asombrosos. Pero además a través de su tarea pueden hacer una diferencia en esos proyectos y hacer un aporte.

A diferencia del Googlplex, quiero que lo que despierte el “quiero trabajar ahi” no sean las lámparas de lava, las pelotas, o las instalaciones súper sofisticadas. De verdad no es eso lo que creo que haga la diferencia a largo plazo.  Desde una perspectiva humanista, realmente creo que lo que necesitamos es otra cosa.

Anhelo trabajar en un lugar donde la gente diga “quiero trabajar ahí” porque ahí la gente se siente contenida y su crecimiento personal está dentro de las grandes prioridades. Sueño con que haya lugares donde desde nuestro trabajo – al que le dedicamos tantas horas de nuestra vida-  se establezcan relaciones de respeto y cuidado mutuo; donde podamos crecer como personas, desde lo profesional y que eso nos ayude a desarrollar nuestro potencial.  

Se que queda mucho camino por recorrer, pero espero que todos los días logremos aportar un granito de arena para un mundo mejor, y en el proceso nuestro mundo vaya mejorando.

Cuando el narcisismo propio nos limita

Hace años que siento que escribir me ayudaría a ordenar mis propias ideas. ¿Entonces? ¿Porqué me tomé todo este tiempo? Dar el paso para compartir aquello que escribo me costó. Cada impulso terminaba igual.  La página en blanco y mi cabeza llena de cosas que quería compartir.

¿Qué es lo que no me frena para dar ese paso? ¿Será miedo al fracaso? ¿La censura propia? ¿Temor que no guste, que sea criticado? ¿La creencia de que podría ser siempre mejor?

¿A alguno le ha pasado?

Como tengo la leve sospecha de que no estoy sola en esto, quisiera reflexionar en contra de ese narcisismo y el tan celebrado perfeccionismo. Porque muchas veces esta forma de ver el mundo lo que logra es limitarnos. Por miedo a errar, ni siquiera intentamos.

Yo creo que hay un cambio de paradigma hoy hacia eso. Los errores son vistos como algo no sólo inevitable sino hasta celebrable. Está surgiendo una cultura muy interesante de compartir nuestros aspectos más vulnerables y nuestros momentos de fracaso como una instancia de aprendizaje. Aprendizaje personal seguro, ¿pero por qué no compartirlo?  También puede aprender la comunidad de mis errores.

Poder narrar, y mucho mejor si se logra contarlo con humor, nos permite tomar una distancia de aquello que en su momento conlleva mucho sufrimiento y nos permite posicionarnos desde un lugar distinto: poder visualizar la situación como una oportunidad. Esto no se me ocurre a mí, hay muchas iniciativas que hacen eco de esto aparte de la terapia. Incluso existe una iniciativa global que tiene un portavoz local: FuckUp Nights.  

Volviendo al tema de mi dificultad para postear lo que escribo, hay una escena que siempre recuerdo de la película “The social network”. Cuando el personaje de la ex-novia de Zuckerberg le increpa que escribió sobre ella en un blog. El le dice que no es nada, que es simplemente algo que está en internet. A esto ella le responde con una inolvidable expresión de que equivocado que estás pibe y le responde “the internet is written in ink”. Internet está escrita en tinta.

Y para mí eso sigue siendo cierto. Y entiendo que es importante recordarlo para postear con cierto sentido de responsabilidad. No hacernos eco de cualquier noticia, no indignarnos fácilmente y  escribir cualquier disparate y seguir echando leña al fuego en las redes sociales y los foros. Aparte, Internet es el lugar donde queda registro de todo – bueno, de casi todo.

Pero al mismo tiempo, reconozco que la subjetividad de lo efímero cada vez prima más. Snapchat e Instagram por ejemplo, demuestran que lo más valorado hoy es el presente. Y es esta característica lo que tanto tienta a las nuevas generaciones a estas plataformas. Que quede para el futuro no es algo deseable siquiera. Y en este cambio la palabra escrita  queda desprovista de gran parte de su valor.

Y eso a los que pasamos los 30 nos puede costar, y mucho. Pero también tiene un lado muy liberador. Nos permite animarnos a aportar al diálogo. Para mi esa liviandad me da la posibilidad de animarme a escribir; a animarme a establecer un diálogo y plasmar algunas ideas para que las pueda acceder alguien con quien no coincido en tiempo y en espacio. 

Y si alguna de estas líneas opera de chispa que inicie un fuego en la mente de alguno será maravilloso.

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¿Un blog más? ¿Para qué?

Siempre me gustó mucho compartir lo aprendido. Maestra ciruela dirán algunos. Es verdad. Me tomo aprender muy a pecho. Cuando encuentro algo que me aporta y se que puede aportar a otros también, me fascina compartirlo. Pero cuando empecé a trabajar como psicóloga, y esos aprendizajes surgían de la clínica, compartir lo aprendido se hizo más difícil.

El consultorio es un lugar muy privado. El tan necesario secreto profesional claramente no ayuda. Los pacientes pocas veces cuentan sus experiencias. Y a no ser que seas una celebrity argentina en los años 90, la gente no anda contando lo que habla en terapia con su analista. Así, el terapeuta tampoco puede estar hablando de lo que habla con sus pacientes.

A mi hay algo de eso que me seduce. Lo que pasa puertas adentro en el consultorio es una experiencia única. No hay testigos y se dan intercambios verdaderamente auténticos. Es una experiencia maravillosa. Un verdadero privilegio poder acompañar a mis pacientes en sus procesos.

Pero también sé que mucha gente queda por fuera por esto. Gente a la que le vendría muy bien algunas de estas herramientas. Personas que no se acercan por prejuicios. Si. Hay tabúes que siguen muy actuales. Y hay mucha falta de información sobre la herramienta aún.  

Estoy convencida que parte de nuestra labor implica salir del consultorio. Necesitamos más espacios para poder compartir nuestro conocimiento y acercarnos en un idioma sencillo a quienes nos necesitan.

Esto se puede hacer de muchísimas maneras. Yo he ido eligiendo distintas estrategias según los distintos momentos de mi vida. Antes lo hice a través de la educación, en salones de clases, institutos, escuelas. Hoy, se me abrieron otras puertas. Empresas y emprendedores que se animan a innovar, donde confían en mí y me dan carta libre para llevar adelante acciones de promoción de salud y prevención.

A partir de estas experiencias, y de otras oportunidades que vinieron de la mano como eventos empresariales y meetups surgieron muchas reflexiones que me llevan a escribir este blog. Espero lograr plasmar algunas de las preguntas, observaciones y comentarios que me van surgiendo para seguir pensando en estos temas.

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Sobre manifestarse y la importancia de hacer explícitas ciertas cosas

 Siempre es bueno recordar y tener presente aquello que motiva nuestras acciones. Nuestro porqué. Esto pasa a nivel personal y celebro que cada vez más empresas se sumen a esta práctica de reflexionar y contemplar su porqué.
Redactar documentos como la misión y la visión de las empresas, muchas veces son vistas como items en las checklists pero son acuerdos clave a la hora de que podamos generar un compromiso y sentimiento de engagement con aquello a lo que le dedicamos muchas veces más de un tercio de nuestros días.
En Abstracta el proceso fue basado en tres conceptos. Creer, pensar y saber. Estos dos verbos son niveles de distinta profundidad de lo mismo.  3 niveles de aproximación al conocimiento.  Y ahi está la estructura de nuestro manifiesto.
Manifiesto que busca dejar explícito para que todos sepamos donde estamos y qué es lo importante que nos define. Y lo que más me llena de orgullo, es que hace años venimos trabajando para lograr esta declaración de principios, y quienes la leen sienten que identifica a la organización.
¿Pero qué propone un manifiesto de una empresa? En el ejemplo de Abstracta plantea que buscamos promover la calidad: la calidad del software. Sin dudas. Es lo que hacemos.  Pero también es importante para nosotros la calidad de nuestro trabajo, la calidad de nuestras relaciones en el equipo y con los clientes; la calidad de nuestra salud, en definitiva todo lo que hace a nuestra calidad de vida.

Queremos ser líderes en nuestra área, tener visibilidad global y poder propiciar el impacto social que buscamos. Queremos ser referentes y posicionar a Uruguay en el mundo, hacer crecer la industria Uruguaya, ofrecer más y mejor trabajo de calidad. Para lograr todo esto, tenemos muchas estrategias presentes.

Nos gusta pensar que entre todos empujamos para crear una empresa en la que trabajar no sea solo un medio para un fin, sino que trabajar nos permita dejar una huella. Un lugar donde todos nos sintamos parte y podamos apropiarnos del proyecto. Una empresa en la que hagamos cosas asombrosas que nos hagan sentir orgullosos y sintamos que hacemos una diferencia. Donde aprender, explorar e innovar sean parte de nuestro crecimiento, y de nuestro aporte y además podamos disfrutarlo todos juntos.

Se que para muchos suena utópico. Pero un su justa medida las utopías son necesarias para poder alcanzar a la mejor versión de nosotros mismos.  Detrás de esta manera de emprender, de esta visión empresarial, podemos pensar que trabajamos con un sentido claro y en esta busqueda tenemos la oportunidad de generar un impacto positivo en el mundo en el que vivimos.

Porque al fin y al cabo todos podemos elegir ser parte del cambio que queremos ver en el mundo 😉

PD: Por si no llegaste a ver, en la foto de Abstracta que ilustra esto, quien va detrás es el CEO de la empresa, él y sus rulos indomables y quien va al frente, y la primera persona que ves es una mujer jóven. Hablame de orgullo abstractero 💪