Sobre la importancia de la mirada de los otros.

Como comenté en otro post, quiero ir enfocándome en aquellas frases que tienen mucho marketing y seguidores que las repiten pero que creo que profundamente complican a quienes se amparan en ella, dejando a quienes profesan estas ideas protegidos en apariencia pero aislándolos a la larga.

El individualismo imperante en nuestra sociedad no es novedad para nadie imagino. De todos modos, siento la necesidad a raíz de varias charlas que he tenido últimamente de generar un espacio donde cuestionar estas ideas; sobre todo aportar mi granito de arena para poder desmitificar estas posturas cuando son llevadas al extremo.

Cuantas placas con imágenes y frases de supuestos expertos hay abogando por “que no te importen lo que dicen los demás”! Irónicamente en el mundo laboral el feedback y las devoluciones están a la orden del día, y en nuestras vidas sociales mostramos tanto de nosotros mismos en las redes que podríamos llegar a decir que nunca hemos estado tan expuestos a la mirada de los otros como estamos en la actualidad.

¿Dónde posicionarse? ¿Nos debería importar lo que dicen los demás? ¿O sería mejor hacer oídos sordos a las opiniones que no nos gustan? ¿La opinión de todos importa por igual? ¿Necesito escuchar todas las opiniones? ¿Es viable que esté siempre abierto a que me digan lo que piensan de mí?. Como he comentado ya otras veces, mi respuesta es: depende.

Necesitamos entender que la mirada del otro no es inocua ni inocente. Es constructiva y constitutiva. Y digo constitutiva porque es así que formamos nuestra identidad: con los otros.  A tal punto es esto que Martin Bubber decía que no existe un yo aislado, sino que somos yo-tu.  En nuestros primeros tiempos esa mirada, ese espejo, es la mirada de nuestros padres y nuestros primeros cuidadores. Luego se suman actores, y son nuestros pares quienes nos devuelven una imagen de nosotros mismos muy importante.  Y que importante que llega a ser esa mirada de nuestros pares en la infancia y en la adolescencia!

Muchas veces debemos dedicar mucho tiempo y energía a liberarnos de algunos reflejos que nos devuelven estos espejos. Hay muchos personas en quienes nos reflejamos que se parecen al  espejo de la madrastra de Blanca Nieves, siempre dando una visión envidiosa y poco constructiva, por no decir que a veces es francamente destructiva. Y claro que entiendo que hay que alejarse en lo posible o al menos limitar el impacto que le damos a la opinión de estos personajes!

El meollo detrás de todo esto es que no existe una visión propia aislada de quienes somos. Somos seres sociales, y eso significa que conectar con otros es necesario para nuestra vida plena y es inherente a nuestra naturaleza como personas. Eso significa que nuestras identidades, quienes somos, se construye a partir de otros: somos con otros. Este punto me hace pensar que tal vez lo que necesitamos es que esos otros con los que interactuamos sean amables con nosotros, y nosotros serlos con ellos.

Y entonces, claro que es muy importante escuchar a los otros! No conozco otra manera de crecer, de superarnos que no sea reconociendo nuestras debilidades y trabajar en ellas. Y para lograr eso es necesario identificarlas. Pero este punto es importante: esto puede implicar no decir siempre lo fácil, se necesita coraje para estas charlas porque muchas veces vamos a tocar puntos dolorosos de nuestra historia.

Y por eso ante el encuentro con el otro hay que aflojar el acelerador, no violentar innecesariamente y subrayo la importancia de ser más amables y amorosos. Y cuando nos toca recibir los mensajes que lo demás nos devuelven en palabras y sobretodo en actos, podamos sopesar estas variables. Porque también necesitamos saber que no es viable ni sabio que estemos abiertos en todo momento a escuchar todo lo que los otros tienen para devolvernos sobre nosotros ni que ponderemos la opinión de todos por igual. Parece racional, pero tal vez es eso: racionalmente está bien, pero no considera nuestras emociones.

A mi me mueven las historias de amor. Las miradas de amor. Ese amor sano que logra imposibles. Ese que nos lleva más allá de lo esperado. Y este tipo de vínculos se da cuando el otro nos oficia de espejo amable. Cuando nos miran de verdad y nos valoran por quienes somos y por quienes podemos llegar a ser. Se da cuando creen en nosotros. Cuando nos hacen sentir queridos aún conociendo nuestras falencias y nos ayudan a convertirnos en quienes queremos ser. Historias de amor como esas puede haber en todos los ámbitos de nuestras vidas, no sólo en las parejas románticas. Si logramos rodearnos más de amor no vamos a necesitar la sobreprotección, porque nos vamos a sentir amados y conectados y realmente protegidos.

Y por supuesto que en momentos difíciles, cuando toca vivirlos, no conozco mejor motor para salir adelante que mirarnos a través de ese espejo por el que nos miran los demás que nos aman y creen en nosotros. Son muchas las personas que pueden ocupar ese lugar en nuestras vidas: docentes, líderes, terapeutas, y ni que hablar de nuestras familias y amigos.

Yo hoy dedico este post a todos ellos, en especial a mi marido e hijos, porque sus miradas siempre me ayudan a ser mi mejor versión.

Acá podés ver a Viktor Frankl argumentar sobre esto y seguir juntando fuerza para salir del individualismo y hacer una apuesta por creer en los otros e ir por nuestra mejor versión.

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