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Es como 2020 pero no

Es como 2020 pero no. Es Marzo 2021

En algunas cosas esta situación es mucho peor. Hay mucho más por qué preocuparse.

Y en Uruguay luego de meses se necesitó volver a las clases remotas. 

Pero no es lo mismo que en aquel Marzo 2020.

 

Las maestras, la escuela y los padres aprendimos mucho. Los niños también.

Nos exigimos menos. Tomamos lo que sirve y no nos pesa tanto aquello que no podemos. 

Todos nos dimos cuenta lo difícil que es esta situación y se percibe.

Valoramos a quienes se suman. Porque la presencia aunque virtual es más valorada.

Juzgamos menos. Las maestras se ríen más y se nota que hay equipo por detrás.

Por supuesto que esta postura no es la que recibe más atención. Porque el morbo se alimenta de los extremos.

Estas no son ideas abstractas y  mucho menos universales. Son vivencias que quiero compartir. Ayer mi hija menor cumplió 3 años. Su segundo cumpleaños en pandemia. Y sus amigos y sus maestras pudieron estar -de una manera incompleta para todos- pero pudieron estar como a ella la ilusionaba.

Las actividades propuestas hoy por las maestras son herramientas que nos ayudan para apoyarnos para cuando los padres no tenemos capacidad creativa y la presencia y las voces de las maestras, son vividas por acá como aliadas que acompañan a nuestros hijos para que estén menos solos cuando no podemos darles compañia de calidad porque estamos trabajando o haciendo otras cosas.

Vivimos en un mundo muy adulto-céntrico y la escuela es aquel espacio pensado para ellos. Donde ellos y ellas son protagonistas. Conectarse y abrirle la puerta a la escuela en casa es una manera de poder ponerlos a ellos en el centro hasta que pase el temblor.

Gracias a todos los docentes y todos los equipos que ponen lo mejor de sí para que niños y niñas puedan seguir su educación aún en estos contextos. 

 

 

Sobre una escuela sustentable

La escuela sustentable es un proyecto que me apasiona. Es un proyecto de esos que integra varios de los temas que me mueven. Hoy la menciono porque es un proyecto que se va a replicar en Argentina y me llena de orgullo. Ojalá se replique no sólo en muchos lados más del mundo sino que haya muchas más escuelas así en nuestro país.

La escuela sustentable deja en evidencia que hay dos maneras de educar. Una es hablando. Y la otra es con nuestros actos.

Vivimos en tiempos de “charlas”. ¡Hay charlas sobre tantos temas! Parecería que nos hicimos adeptos a hablar de ciertas cosas, lo cual es necesario. Pero muchas veces, el problema es que hablar no es suficiente para cambiar. Nuestros actos deben acompañar nuestros discursos.  

Dicho de otra manera, debemos recordar lo que el saber popular ya sabe. A las palabras se las lleva el viento. Intentemos predicar con el ejemplo, hacer aquello que decimos en vez de sólo repetirlo y ser consecuentes con nuestros discursos así nuestro actuar, pensar y sentir se van alineando y no estamos tan disociados.

Otro beneficio extra de esto, es que no vamos a tener que machacar ciertos temas, con tanta insistencia. Vamos a tener experiencias que nos van a recordar su importancia.

Como dicen en la escuela sustentable esto es válido para la ecología y el respeto por el medio ambiente, válido para pensar en nuestra salud, válido para pensar en el trabajo en equipo y en nuestro rol en la sociedad.

Estoy convencida que necesitamos más de estas escuelas, y no sólo para los niños.

Conocé más en: unaescuelasustentable.uy

Niños envueltos

Este posteo no se trata sobre una receta. Estamos en época de vacaciones infantiles y estoy en shock! Estoy escuchando a adultos interactuar con niños y me asombra cómo venimos perdiendo creatividad a pasos agigantados.  Nuestra imaginación está tan capturada por el consumo que cuando interactuamos con los niños, terminamos envolviendolos a ellos en nuestro mundo adulto. Tal vez es hora de dejarlos un poco en paz y dejarlos ser niños.

Las cosas se las presentamos ya muy procesadas, le vamos transmitiendo el valor que esas cosas tienen para nosotros y no los dejamos descubrir por ellos mismos. Después nos quejamos que no son curiosos.

Les transmitimos una visión muy negativa del trabajo, valoramos extremadamente el ocio, pero no los tiempos en que no sucede nada, los tiempos de vacío, intentamos evitar que se aburran, y buscamos entretenerlos rápidamente como hacemos nosotros: mirando una cosa atrás del otra cosa en los dispositivos. Consumiendo lo que sea. Después nos quejamos que son dependientes.

No parecemos darnos cuenta que es este tipo de acciones cotidianas las que les quitan la posibilidad de practicar habilidades que son fundamentales para convertirse en los seres resilientes, flexibles y adaptativos que queremos que sean.

La responsabilidad que esto suceda no es ni de los dispositivos ni de los creadores de los mismos.  Muchas de las herramientas que tenemos son definitivamente geniales. Pero es hora que nos cuestionemos como las usamos.