Entradas

La vulnerabilidad y el embarazo

Esto lo escribo embarazadísima y las hormonas me tienen muy movilizada. Advierto. Es mi segundo embarazo, y como vino con alguna complicación, hace 11 semanas que estoy en reposo absoluto. Insisto. Están advertidos.

Para alguien acostumbrada a hacer muchas cosas; ayudar y cuidar a los demás esta quietud ha sido un desafío. Pasar del rol de ser activamente quien cuida, al de ser quien es cuidada y atendida en todo,  fue un shock. No me entiendan mal, no todo es malo. Hasta por momentos lo estoy disfrutando, pero sin dudas ha sido desafiante.

Un cambio repentino. Sobretodo un cambio movilizante porque me recuerda que el valor que tenemos es por quiénes somos. Por nuestro ser, no por lo que hago, ni mucho menos por lo que tengo. Esta situación no me deja escudarme en mi habilidad. En lo que sé hacer. Yo no puedo moverme, de eso depende mi bebé. Para ella soy una incubadora humana. Y esto me deja a mí muy vulnerable. Necesito de la ayuda de los otros, y nuestra bebé depende 100% de que deseen ayudar a su madre. Su red es mi red. 

Padecer esta vulnerabilidad es una manera de vivirla. Confieso, por momentos intenté controlarla y hasta hacer de cuenta que no estaba y ocupar todos esos espacios de otra manera. Es que cuesta despojarse de la ilusión que una puede. Pero esto dura hasta que la vida te recuerda que nadie puede solo.

Este reposo por ser tan largo fue una oportunidad más de experimentar la vulnerabilidad desde otro lugar. Me dió tiempo para aceptarla, pude compartirla más y dejar que surjan las distintas respuestas de mi red de apoyo. Sin expectativas. Intenté despojarme del deber ser. No asumí quién debería tomar ciertos roles. Dejé que los Otros me sorprendieran. ¡Y cómo me sorprendieron!.

Lo que sucedió fue una maravillosa cosecha de todo lo sembrado en este tiempo.  Las relaciones de confianza, las relaciones auténticas que establecí con otros, hizo que muchas personas queridas se acercaran cada una a su manera. Muchas veces más allá de lo socialmente esperado.

No tengo palabras; es pura emoción lo que hemos vivido en este tiempo. ¡Gracias a todos quienes conforman esta maravillosa red!

Ya queda menos de esta etapa.

Foros y la agresividad a flor de piel

Las redes sociales, foros de noticias, y otros espacios virtuales parecen ser espacios privilegiados para la intolerancia, la respuesta fácil y las posturas dicotómicas del tipo blanco y negro.

Paso para abajo en mis dispositivos el día después del Día Internacional de la Mujer y me asusta ver como simplificamos el pensamiento.  Los temas pueden ser variados, pero lo que tienen en común es que los puntos de vista extremistas son abrazados irreflexivamente, tomando bandos rápidamente; ¡como si de bandos se tratara!

Se ha priorizado el “estar informados” por sobre los espacios de reflexión.  Estamos bombardeados con noticias. Nos aparecen noticias que ya vienen filtradas acorde al algoritmo de turno que asume que me va a ser de interés o no.

Leemos muchísimo. Si. Nuestros ojos permanentemente están mirando pantallas. Pero es más y más de lo mismo. Las plataformas y medios que privilegiamos nos terminan exponiendo cada vez menos a voces discrepantes con nuestras ideas. Y si bien esto es rápidamente entusiasmante porque nos muestra que hay otros que piensan parecido a nosotros y nos brinda una ilusión de comunidad virtual; también nos aleja de nuestra capacidad de dialogar con quienes son distintos a nosotros.

Instancias como el Día Internacional de la Mujer dentro de los grandes objetivos que tienen es generar consciencia sobre realidades que no conocemos. Dejemos de gritarnos los unos a los otros, levantemos la mirada, ejercitemos una escucha empática y no perdamos estas oportunidades para aprender de los otros.

Fake it till you make it

Los estadounidenses son muy buenos haciendo sloganes. Para todo tienen frases que suenan bien y son fáciles de recordar. Una es “fake it till you make it”. Plantean que si algo lo repetís lo suficiente, en algún momento te va salir natural.

Esto a mi me genera dos grandes dudas:

  1. ¿Es esta la mejor estrategia? ¿O habrá otro camino?
  2. Aún si sale, la pregunta es: ¿a qué costo?.

En el caso de las habilidades llamadas blandas, creo que sin duda este no es el camino. Internet y los manuales de liderazgo están llenos de “tips” del tipo: para que la persona se sienta escuchada, asentí con la cabeza, poné el cuerpo de tal manera, no cruces los brazos, mostrá las palmas de la mano.

Como psicóloga recuerdo claramente mi primer sesión con mi primer paciente. Hacía ya unos meses me había recibido, y deseaba iniciar mi ejercicio como profesional independiente con esa primer consulta. Quería que mi paciente se sintiera escuchada y comprendida por mí, así que seguí todos todo todos estos tips. No quería que se sintiera juzgada, así que hice mi mayor esfuerzo por poner esa tan conocida “cara de póquer”.  

¿Qué resultados tuve?

Mover el foco de atención de ella hacia mí. Estaba tan preocupada por todo lo que tenía que hacer, que sin darme cuenta dejé de escucharla.

Lo otro que sé, es que este tipo de checklist lo que hace es generar una sensación de actuación para quien lo hace, al punto de sentir una suerte de vacío donde uno no se reconoce a sí mismo en esa actitud. Ni que hablar, que esta falta de autenticidad en algún momento probablemente caiga y deje expuestas nuestras limitaciones.

Un ejemplo reciente de esto fue cuando Donald Trump se reunió con los jóvenes víctimas del tiroteo en Parkland, Florida.

Mientras hablaba con jóvenes de 17 años que habían sufrido un ataque en su liceo, él tenía en la mano un punteo en el que se ve claramente la frase “I hear you” – te escucho. A mi entender, este tipo de estrategias tiene muy bajo alcance. Pero este ejemplo burdo no es el único que vi. He escuchado a mucha gente querer tener un punteo, como una checklist para que los demás se sientan escuchados.

Porqué en vez de seguir invirtiendo energía en este tipo de respuesta no buscamos otra manera de mejorar nuestras habilidades de escucha. Si no las tenemos, ¡aprendamoslas! ¡Hay mucho que se puede hacer! No nos quedemos satisfechos con “engañar al otro”, con zafar en la reunión, o en la entrevista laboral. Aprovechemos estas oportunidades que nos interpelan y dejan a la luz nuestras debilidades para pulirlas, y potenciarnos.

Noticia: https://www.theguardian.com/us-news/2018/feb/22/i-hear-you-trump-uses-cue-cards-to-remind-him-to-listen-to-shooting-survivors?CMP=fb_gu

 

When we care less about our people, our people become careless

Esta frase en inglés hace un juego de palabras con cuidar. Care. Podemos traducirla como “cuando descuidamos a nuestra gente, nuestra gente se vuelve indiferente”. Esta palabra está en el centro de lo que hago hoy en día. People Care.  Debo confesar que al principio me parecía un poco vende humo hablar de people care o cuidado de las personas. Me parecía demasiado vago el concepto. Pero cada vez me es más claro lo importante es que más empresas lo incorporen a sus organigramas.

Como mamá claro que se que cuidar es importantísimo. Como maestra y profesora también. Como psicóloga clínica es fundamental. Pero nunca me imaginé que plasmar esto iba a ser posible en un ámbito empresarial. Tradicionalmente esto no está presente en la descripción del rol de los psicólogos en las instituciones. Al menos no lo era para mi. No era en lo que pensaba cuando me decían Recursos Humanos.

Los equipos se forman a partir de una tarea. Es a partir de pasar tiempo juntos nos vamos conociendo el uno al otro y vamos aprendiendo a valorar la presencia del otro. Esto no se da mágicamente. Sin embargo, muchas veces dejamos que las personas se “manejen” y cuando empiezan en un trabajo nuevo sienten que “los mandaron a la guerra con un escarbadientes”.

Esto se da aún en organizaciones llenas de buenas intenciones. Y es que el cuidado no puede recaer sólo en un par de profesionales. Para ganar visibilidad sobre este tema, hicimos un taller sobre el cuidado de las personas nuevas en los equipos. Llamamos a esta iniciativa  Nexos porque justamente este equipo de personas va a operar como nexo en el proceso de integración y a lo largo de su paso por la empresa.

Hace unos días llevamos adelante una primer jornada de sensibilización y capacitación para tomar conciencia sobre estos temas. Para eso salimos de la ciudad y tuvimos varias actividades que giraron en torno a cómo cuidar a los otros.

Me querría detener en una en especial, en la que el centro de la acción no eran las personas, sino el acto de cuidar. En este caso cuidar plantines de lechuga.  ¿Qué esperamos que suceda a la hora de cuidar a personas adultas en toda su complejidad, si no logramos siquiera cuidar a una pequeña planta?

Como jardinera y ferviente admiradora de la Madre Naturaleza, me gustaría compartir algunas de las lecciones a las que llegamos ese día.  Lecciones que aprendimos contemplando los tiempos y procesos de la naturaleza. Lecciones que se aplican a la huerta pero que aparte funcionan como una rica metáfora para nuestro proceso de onboarding en una empresa:

  1. Pensar antes de tomar decisiones. Evaluar e informarse. Conocer las necesidades y evaluar su interacción con el resto de la huerta.
  2. Meter mano en la tierra. Comprometernos con la tarea.
  3. Elegir el terreno adecuado. Que esté en un espacio un poco más grande siempre que el tamaño actual para dar lugar al crecimiento.
  4. Asegurarse que a donde vaya tenga las condiciones correctas: tierra fértil, buen drenaje, etc.
  5. Regar con mucha agua al principio y apretar la tierra para ayudar a que desarrolle sus raíces rápidamente.
  6. Para raíces profundas, regar abundantemente una vez cada dos días. Si sólo riego un poquito cada día, voy a tener un crecimiento rápido pero raíces muy superficiales y poco resistentes.
  7. Cuidarla del sol fuerte. Resguardarla cuando sea necesario.
  8. Si en algún momento se debilita, asegurarse que asoleamiento y las condiciones sean las indicadas, dar  abono extra, y colocar un tutor. Ojo con exceso de agua. No hace bien. Pudre las raíces.
  9. Limpiar la tierra alrededor.  Cuidar de malezas que haya cerca que le quitan fuerza.
  10. Re-evaluar periódicamente si está en el lugar correcto. Considerar su ritmo de crecimiento. Que contenga pero no ahogue. Y que siempre de lugar al crecimiento.

A partir de estos pasos nos dimos cuenta que coinciden con los cuidados que valoramos cuando alguien se integra a un equipo. Movidos por esto, entre todos generamos una guía de buenas prácticas, para hacer de nuestra empresa un mejor lugar para trabajar.

¡Y aparte nos llevamos un plantín!

El arte de la escucha

Mucho se habla sobre cómo podemos mejorar como hablamos.  Pero gran parte del éxito en la comunicación se juega antes. Mucho antes. Para ello necesitamos dominar el arte de la escucha. No sólo es importante escuchar al otro, sino también escucharse a uno mismo antes de hablar.

¿Cómo sería esto? Y bueno, ampliar nuestra escucha, y tener esas orejas de conejo bien entrenadas como para poder filtrar las ideas que se nos vienen a la cabeza y ver si esa idea realmente aporta; si es significativo para el otro y sobretodo evitarlo si no aporta para minimizar el ruido en la comunicación.

Discrepo con frases del tipo “yo soy frontal” “a mi si algo se me ocurre voy y lo digo”.  Este tipo de actitudes no están movilizadas por el otro, sino más bien surgen de una posición donde no se está considerando al otro. La motivación para decir eso es personal. No es teniendo al otro en el foco de la comunicación y por ende siempre, siempre va a resultar violento.

Esto por supuesto no quiere decir sólo decir cosas lindas.. Pero si implica entender que hay un tiempo, un lugar y sobretodo una forma de decirlo.