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La luna y un deseo

Hoy me desperté muy temprano. Es un nuevo hábito dirán algunos. Una necesidad por la pandemia dirán otros. Algo de los dos talvez. Yo siento que es un acto casi desesperado por escucharme pensar.

Cuando me desperté hoy allí estaba ella. La super Luna. Una luna brillante y maravillosa y no pude otra cosa que sentarme a admirarla… y en ese momento escuchando de fondo la banda sonora del amanecer, me llovieron pensamientos que quiero compartir.

Les cuento: nuestro hijo mayor tiene 5 y hace tiempo que en casa se habla mucho del espacio y su fascinación por sus misterios. Ayer murió Michael Collins y la Luna fue el tema ineludible. Y fuimos contando cosas. dimos datos, compartiendo con el información. Y me escuché decir entre esas cosas frases como: “la luna no tiene luz propia, refleja la luz del sol”. “es mucho más pequeña que el sol” “Ves? en la luna todo es roca”. “Es mucho más pequeña que la tierra”.

(Sepan disculpar los eruditos del tema, recuerden por favor que le estoy contando a un niño de 5 años sobre nuestro satélite natural. ;))

Hoy observándola, volvíeron esas frases a mí. Y pensaba. Esos datos, si bien son hechos; ¿reflejan la belleza y la fascinación que la luna genera?. ¿No se quedan cortos? ¿No es un relato que empobrece mucho a la luna?

Me preguntaba, ¿no somos todos un poco como la luna reflejando luz de otros más grandes? esto, o el hecho de que sea mucho más chica, la desmerece? Al final del día, la luna en ciertas condiciones incluso logra cada tanto hasta eclipsar al astro rey.

Vivimos en un mundo de datos. Donde la belleza y la poesía de la vida es vista como secundaria. Trabajando en IT muchas veces escucho frases como “ta, pero eso es filosófico”, “Bueno, pero ¿y eso cómo se mide?” La tendencia es siempre ir a los datos. A lo “puro y duro”. Y qué importante es sumar. Datos y sentido.

No puedo evitar recordar una frase que una vez escuché decir a Pipe Stein: “las respuestas vienen de la data, pero las preguntas vienen de los libros”.

En este momento de agobio mental luego de más de un año de estar viviendo en pandemia, deseo muchos más madrugones como el de hoy, tener tiempo para escucharme pensar más y leer más libros.

Las redes: nuestra caja de resonancia

Este blog parecería ser un espacio de reflexión un tanto intimista. No se porqué. Me salió así y a decir verdad me gusta el aire que se respira. No me resulta tan intimidante como salir a declamar mis ideas, prácticas o  pensamientos en las redes sociales. Aunque lo siento un halago si quieren compartir los posteos en esos espacios para que cada vez seamos más en el dialogo. Se que el medio digital tiene un potencial de llegar a tanta gente, que es increíble.

Se que hay ideas y experiencias muy queridas. Textos muy especiales que te llenan de orgullo y alegría y que sería bueno compartirlo con más gente. Ideas en las que creo y quisiera que lleguen a más personas. Para mi, un ejemplo de esto es una experiencia que dimos a conocer como plan nexos.

Cuento un poco de esto este post que replicamos en inglés con el equipo de Abstracta para el blog de la empresa. Una vez más combinando varias de mis intereses: en este caso el inglés. Y la verdad que  quedó  verdaderamente  precioso!

Les comparto el link así lo seguimos replicando en varios idiomas. A ver si hacemos llegar ideas como estas cada vez mas lejos!

Cuando el narcisismo propio nos limita

Hace años que siento que escribir me ayudaría a ordenar mis propias ideas. ¿Entonces? ¿Porqué me tomé todo este tiempo? Dar el paso para compartir aquello que escribo me costó. Cada impulso terminaba igual.  La página en blanco y mi cabeza llena de cosas que quería compartir.

¿Qué es lo que no me frena para dar ese paso? ¿Será miedo al fracaso? ¿La censura propia? ¿Temor que no guste, que sea criticado? ¿La creencia de que podría ser siempre mejor?

¿A alguno le ha pasado?

Como tengo la leve sospecha de que no estoy sola en esto, quisiera reflexionar en contra de ese narcisismo y el tan celebrado perfeccionismo. Porque muchas veces esta forma de ver el mundo lo que logra es limitarnos. Por miedo a errar, ni siquiera intentamos.

Yo creo que hay un cambio de paradigma hoy hacia eso. Los errores son vistos como algo no sólo inevitable sino hasta celebrable. Está surgiendo una cultura muy interesante de compartir nuestros aspectos más vulnerables y nuestros momentos de fracaso como una instancia de aprendizaje. Aprendizaje personal seguro, ¿pero por qué no compartirlo?  También puede aprender la comunidad de mis errores.

Poder narrar, y mucho mejor si se logra contarlo con humor, nos permite tomar una distancia de aquello que en su momento conlleva mucho sufrimiento y nos permite posicionarnos desde un lugar distinto: poder visualizar la situación como una oportunidad. Esto no se me ocurre a mí, hay muchas iniciativas que hacen eco de esto aparte de la terapia. Incluso existe una iniciativa global que tiene un portavoz local: FuckUp Nights.  

Volviendo al tema de mi dificultad para postear lo que escribo, hay una escena que siempre recuerdo de la película “The social network”. Cuando el personaje de la ex-novia de Zuckerberg le increpa que escribió sobre ella en un blog. El le dice que no es nada, que es simplemente algo que está en internet. A esto ella le responde con una inolvidable expresión de que equivocado que estás pibe y le responde “the internet is written in ink”. Internet está escrita en tinta.

Y para mí eso sigue siendo cierto. Y entiendo que es importante recordarlo para postear con cierto sentido de responsabilidad. No hacernos eco de cualquier noticia, no indignarnos fácilmente y  escribir cualquier disparate y seguir echando leña al fuego en las redes sociales y los foros. Aparte, Internet es el lugar donde queda registro de todo – bueno, de casi todo.

Pero al mismo tiempo, reconozco que la subjetividad de lo efímero cada vez prima más. Snapchat e Instagram por ejemplo, demuestran que lo más valorado hoy es el presente. Y es esta característica lo que tanto tienta a las nuevas generaciones a estas plataformas. Que quede para el futuro no es algo deseable siquiera. Y en este cambio la palabra escrita  queda desprovista de gran parte de su valor.

Y eso a los que pasamos los 30 nos puede costar, y mucho. Pero también tiene un lado muy liberador. Nos permite animarnos a aportar al diálogo. Para mi esa liviandad me da la posibilidad de animarme a escribir; a animarme a establecer un diálogo y plasmar algunas ideas para que las pueda acceder alguien con quien no coincido en tiempo y en espacio. 

Y si alguna de estas líneas opera de chispa que inicie un fuego en la mente de alguno será maravilloso.