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Un fin y un comienzo

Me gusta mucho fin de año.  Me gusta mucho aunque tengo muy presente que es un momento del año donde mucha gente pasa mal. Y no sólo dentro del consultorio veo esto, claro está.  Se viven las fiestas con demasiada presión, demasiada expectativa, demasiado consumo, demasiado foco en lo que falta o en quienes nos faltan.

Aparte del olor a jazmín que inunda la ciudad, me gusta fin de año porque es un momento de trazar una línea imaginaria; un final ficticio que trae consigo un momento de balance.

Hay años que esos balances dan mejor que otros, por supuesto. Pero ese momento de reflexión, de frenar la vorágine y poder parar de por sí me resulta interesante. Hay momentos para hacer, pero también hay momentos para reflexionar. Creo profundamente que la reflexión es fundamental para tomar impulso. Necesitamos conocernos mejor y reconocer nuestras herramientas. Esto es prioritario para poder entender cuáles son las que aún nos faltan y poder concentrarnos en ellas. Priorizar lo que necesite aprender para vivir la vida que quiero vivir.

Me gusta particularmente este balance en estas fechas porque aparte viene acompañado por  la sensación de que algo nuevo comienza: 365 nuevas oportunidades de hacer las cosas mejor. 

¡Feliz 2018!