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Me muero tranquila si…

La navidad pasada me regalaron el último libro de Pilar Sordo “Educar para sentir”, aunque con lo prolífica que es ella como autora, probablemente ya tenga otro en la vuelta. Allí encontré una frase que me fue refrescante en tiempos de tanta obsesión por “darles todo a nuestros hijos”. Escribe hablando sobre sus hijos: “me voy a morir tranquila cuando los vea nobles, soñadores, trabajadores, honestos y responsables”.

Esta es una pregunta que todos quienes somos o deseamos ser padres nos hemos hecho en algún momento: ¿qué deseo para mis hijos?. Básicamente es una pregunta que nos interpela sobre el objetivo final de nuestro trabajo como padres. Pero también me lo he preguntado con respecto a otros roles en mi vida profesional. ¿Qué deseo para mis alumnos y mis pacientes?. Incluso: ¿qué quiero para la gente con la que trabajo?. 

La verdad es que estoy bastante de acuerdo con esta lista y quería compartir algunos de los motivos porqué.

  1. Nobles. Este adjetivo no se escucha mucho últimamente. Y debo decir que me preocupa la falta de atención que le damos al sentimiento base que motiva nuestras acciones. Esas intenciones iniciales a hacer lo que hago. La nobleza de espíritu es algo que no goza de popularidad. Hoy las motivaciones las tratamos a nivel más superficial e instrumental. Alimentamos poco el idealismo. Es más, me animo a decir que para muchos tiene bastante mala fama. Sin embargo, yo estoy convencida que en el idealismo hay un refugio a la apatía tan extendida y que nuestro mundo necesita de esto.
  2. Soñadores. Ser soñador no tiene que ver con ser un divagado. Se puede tener los pies bien puestos en la tierra, y al mismo tiempo proyectados hacia afuera, hacia nuestros sueños. Como un árbol de esos que tienen raíces bien fuertes con muchas ramas y un follaje maravilloso.
  3. Trabajadores. Si uno sabe donde está, porqué está donde está y a dónde quiere ir tiene gran parte del partido jugado. Pero falta. A eso hay que sumarle trabajo y empeño. Con ese combo cualquiera sea el proyecto, va a salir. Pero este empeño no se enseña hablando, no es algo que se muestra con palabras como hacen algunos personajes muy notorios de la actualidad, sino que se demuestra en actos. Se aprende viendo y poniéndolo en práctica.
  4. Honestos. Necesitamos alimentar la honestidad hacia afuera y hacia adentro. Hacia afuera para poder establecer relaciones íntimas auténticas y duraderas basadas en la confianza mutua. Y también hacia adentro. Salir de la vorágine para nutrir el diálogo permanente con uno mismo. Ir chequeando cada tanto si nuestro pensar, sentir y actuar  están alineados o si nos fuimos perdiendo de lo que es importante para nosotros mismos.
  5. Responsables. La vida es un regalo y cada uno es responsable por cómo la vive. Como adultos no hay porqué esperar pasivamente que otros vengan a resolver los problemas por uno. Si uno se empodera y se hacer cargo de las cosas que le suceden, tiene chances de actuar sobre y cambiar aquello que padece.

No creo que sea una lista definitiva ni imbatible..alguna más pondría sobretodo cuando se trata de mis pequeños. Me voy a morir tranquila si sé que son personas a quienes les importan los demás – humanos y no humanos. Me voy a morir tranquila si crío seres amorosos y amables: llenos de amor y pasibles de ser amados. Pero esta es una buena lista; sobretodo porque nos hace pensar. ¿Cuál es tu lista?

 

Las 7 cosas que me cuenta Jack todas las noches

Cuando nació nuestro hijo, nos tocó elegir que canción de cuna que nos acompañaría durante ese momento de ayudarlo a dormir. En ese momento no podía imaginar escuchar ciertas canciones infantiles una y otra vez – si claro, ya adivinaste que soy primeriza. Así que elegimos un disco que ya era parte de la banda sonora de nuestras vidas y que nos gusta mucho: In Between Dreams de Jack Johnson. La primer canción de ese disco es Better Together.

Esa tonada me transporta a ese momento de bajar las revoluciones, de calmarnos, encontrarnos en un abrazo y dar gracias por el momento. Y mientras esto sucede Jack susurra en su canto algunos puntos básicos que vale la pena recordar cada día. Me gustaría compartir algunas de las cosas que me recuerda Jack en su canción.

  1. No hay palabras para describir lo que uno siente.
    Me animo a afirmar que el lenguaje y las palabras moldean nuestros pensamientos. Las palabras son súper poderosas. ¡Con razón estamos obsesionados con su uso!. Pero hablar es distinto que comunicarse. Y cuando queremos comunicar sentimientos, lo que muchas veces sucede es que nos cuesta encontrar las palabras, o a veces quedamos atrapados en una intelectualización llena de palabras pero que nos aleja de la emoción propiamente dicha. Este detalle, hace que nos cueste aprehender lo que el otro quiere decir. .
  2. Es difícil explicarse pero por el otro uno puede intentarlo
    Comunicarse es difícil, a veces parece muy difícil inclusive. Lo que me motiva a hacerlo es mi deseo porque el otro me entienda, comparta conmigo, y en última instancia me acepte y me quiera. Hablar es medianamente fácil, pero comunicarnos requiere mucho más trabajo, mucha intención, cuidado del otro y sobretodo tiene que tener un sentido. Tengo que desear hacerlo. Si no quiero hacerlo, no lo voy a hacer bien.
  3. Nuestros sueños están hechos de cosas reales
    Nuestros sueños son una conjunción de aquellas huellas de nuestro inconsciente condimentado por lo que nos quedó de nuestro día a día. Si, esos son los sueños que tengo mientras duermo. Pero nuestros anhelos también se alimentan de estas huellas de nuestro día a día. Nuestra realidad importa y mucho. Cuidar como vivimos el día a día es muy importante. De poco vale correr atrás de objetivos encubiertos como sueños, obsesionados por la meta, para que luego una vez alcanzada recordar lo tortuoso que fue el recorrido.
  4. El amor es la respuesta a las preguntas importantes
    En algún momento de la vida, todos nos hacemos ciertas preguntas que tienen que ver con el sentido de la vida. Si bien en tiempos de internet e hiperconexión parecería sumamente fácil encontrar distracciones para alejarnos de esta angustiosa tarea, tarde o temprano tenemos que encararlas. Cada uno dará respuesta de modo diferente, pero como dice Jack tengo la sospecha que detrás de todas las respuestas va a estar el amor.
  5. La vida a veces puede ser engañosa
    Esta pertenece al conjunto de famosas frases hechas; de aquello que uno escucha casi siempre en tono de queja; casi siempre como una decepción. Me pregunto qué pasaría si miramos a nuestro alrededor y cuestionamos esa tesitura típica de esta sociedad de la abundancia, y nos preguntamos de donde sacamos esta idea de que nos corresponde vivir una vida sencilla, sin sobresaltos y feliz. No asumir que esto debería ser así, no nos ayudaría a valorar más aquellos momentos cuando sí nos ocurre?
  6. A veces estamos juntos aún cuando estamos lejos
    Hoy en día con las telecomunicaciones esta ilusión parece verse aumentado a niveles inimaginables. Y es cierto. La compañía que nos podemos hacer muchas veces no depende de la cercanía geográfica. El encuentro tiene muchas formas y la tecnología nos ha aportado herramientas para poder apoyarnos en quienes queremos y no sólo en quienes tenemos cerca.
  7. Siempre es mejor cuando estamos juntos
    Las distancias, las ilusiones y las desilusiones son más llevaderas cuando estamos juntos. Hay personas que tienen ese efecto casi mágico en nosotros. Su compañía aporta tanto a nuestra vida, que sabemos que pase lo que pase siempre es mejor cuando estamos juntos. Podrá ser difícil de explicar en palabras, pero en un mundo de 7 mil millones de personas, coincidir con al menos una persona con quien sentirme así, es un motivo para dar gracias.

Niños envueltos

Este posteo no se trata sobre una receta. Estamos en época de vacaciones infantiles y estoy en shock! Estoy escuchando a adultos interactuar con niños y me asombra cómo venimos perdiendo creatividad a pasos agigantados.  Nuestra imaginación está tan capturada por el consumo que cuando interactuamos con los niños, terminamos envolviendolos a ellos en nuestro mundo adulto. Tal vez es hora de dejarlos un poco en paz y dejarlos ser niños.

Las cosas se las presentamos ya muy procesadas, le vamos transmitiendo el valor que esas cosas tienen para nosotros y no los dejamos descubrir por ellos mismos. Después nos quejamos que no son curiosos.

Les transmitimos una visión muy negativa del trabajo, valoramos extremadamente el ocio, pero no los tiempos en que no sucede nada, los tiempos de vacío, intentamos evitar que se aburran, y buscamos entretenerlos rápidamente como hacemos nosotros: mirando una cosa atrás del otra cosa en los dispositivos. Consumiendo lo que sea. Después nos quejamos que son dependientes.

No parecemos darnos cuenta que es este tipo de acciones cotidianas las que les quitan la posibilidad de practicar habilidades que son fundamentales para convertirse en los seres resilientes, flexibles y adaptativos que queremos que sean.

La responsabilidad que esto suceda no es ni de los dispositivos ni de los creadores de los mismos.  Muchas de las herramientas que tenemos son definitivamente geniales. Pero es hora que nos cuestionemos como las usamos.