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No hubo regalo para las madres

Me cansé del consumismo vacío. Estoy cansada de las publicidades llenas de mandatos sobre cómo hay que demostrar el agradecimiento a las madres desde los regalos y que el amor se mide en el monto gastado en el mencionado regalo. ¡Basta! Lo hacemos en las fiestas, y en cada “fecha de”. Me cansa y me da pena ver como la riqueza del vínculo queda capturada por el consumo.

Recuerdo vívidamente el primer día de la madre en que mi hijo salió con un regalo del jardín hecho por él. Su cara de orgullo, la anticipación de la sorpresa, los preparativos secretos para hacer algo para mí. El acto de regalar en sí mismo. Ofrecer algo de sí para el placer del otro. Simplemente emocionante. Me fascinó ese “portalapices-hecho-de-palillos-con-manitos-pintadas”. No por el objeto en sí. Pero por lo que eso generó en él.

Como Chief People Officer una de mis tareas es pensar qué hacer para el equipo en estas fechas. Y si. Lo veo como una chance más de aportar para cambiar aquello que no me gusta. No me gusta ir a la segura y regalar algo vacío. No me gusta que se mida que tan valoradas son las madres en la empresa según lo caro que es el regalo.

Por esto el año pasado regalamos una experiencia. Un momento para ellas. Un mimo al cuerpo. Un masaje relax. Pero para mi sorpresa, no todas se hicieron el tiempo para ir. ¡Que ingenua yo! Pensándolo tiene sentido.. Si lo que a las madres -y no madres-  nos falta muchas veces es tiempo. Tiempo para pensar en uno mismo. Tiempo para conectar con uno mismo y con los demás.

Como soy terca este año redoblé la apuesta. Seguí sin aceptar hacer aquello de lo que me quejo.

Esta vez apuntamos a todo el equipo. Aprovechar la oportunidad para pensar en nosotros mismos. Regalar una pausa. Un tiempo de reflexión. Así que organizamos una merienda muy rica en la que pudiéramos celebrar a quienes son madres y también para conectar con nuestras madres. Porque si bien en la empresa sólo hay 5 madres, todos somos hijos.

Se armó un circulo de reflexión precioso. Por zoom se sumaron remoto desde el interior del país y del exterior. Y lo mejor, tenemos lugar para muchos más aún.

Pudimos hablar esta vez no sobre cómo estamos. Sino que nos concentramos en quienes somos hoy. A través de hablar de nuestras madres pudimos compartir algo sobre de dónde venimos y porqué somos como somos. Por eso se llamó “porque no nacimos de un repollo ni nos trajo la cigueña”.

Intentó ser un espacio para conocernos más: a nosotros mismos y a los demás. Poder zafar de los estereotipos de la maternidad idealizada y consumista. Aprovechar la oportunidad para seguir apostando a cuestionarnos sobre los roles tradicionales de género y apostar por mayor igualdad.

¡Qué ambicioso suena esto! ¿y saben qué? Fue mucho más.

En el equipo tenemos mucha gente que no tiene a sus madres cerca por distintos motivos. Sus lágrimas (ups. si.. hubo alguna lágrima también) nos emocionaron y pudimos acompañar y escucharlas. Con cada historia, nos fuimos poniendo en el lugar del otro.

En tiempos obsesionados con aprender “soft skills” nos encontramos ante una dificultad de base. No hay manera de aprender a ser empático teóricamente. No hay clases ni trucos para ser más empáticos que den frutos realmente más que empezar a ejercitarla. Por supuesto que esto se hace en el día a día. Pero también es cierto que hay mil maneras de zafar de esas conversaciones más sentidas. Esta vez, nos metíamos de lleno. A conciencia. Y a hablar nada más ni nada menos que de las madres! Y en mi humilde opinión, esto fue una experiencia maravillosa.

Tender puentes con los otros. Nos enriquece por donde lo miremos. Que nos conozcan más ayuda a que sean más amables y tolerantes con nosotros. Y nosotros con ellos. Esta vez aparte, pensamos en nuestro presente a la luz de nuestro pasado y con un pie en una posible proyección a futuro -para algunos más cercano que para otros. Porque nada dice futuro como los hijos!

A través de las distintas historias pudimos pensar en cómo es posible integrar a nuestros hijos actuales o futuros a nuestra vida cotidiana. Considerar y valorar el cuidado del otro – hijos u otros seres queridos – como parte prioritaria de nuestras vidas sin dejar de lado nuestra realización personal y profesional. Apostar por ser personas que podamos salir de nosotros mismos y volcarnos a los demás no desde la obligación sino desde el amor.

Nos conectamos con nuestras madres no desde el reproche infantil sino desde el agradecimiento de un adulto hacia otro. Valorando lo que pudieron darnos. Hasta pudimos abrir una puerta a pensarnos en un futuro como adultos responsables de otros, no desde lo que se pierde en el acto de maternar sino desde el plus que nos da la experiencia de cuidar. Todo esto sin dejar de vista que como equipo somos parte de una red de sostén y lo importante que es  cuidar a quienes cuidan.

¡Una maravilla de encuentro! ¡Gracias a todos quienes se animaron a venir!

 

Las redes: nuestra caja de resonancia

Este blog parecería ser un espacio de reflexión un tanto intimista. No se porqué. Me salió así y a decir verdad me gusta el aire que se respira. No me resulta tan intimidante como salir a declamar mis ideas, prácticas o  pensamientos en las redes sociales. Aunque lo siento un halago si quieren compartir los posteos en esos espacios para que cada vez seamos más en el dialogo. Se que el medio digital tiene un potencial de llegar a tanta gente, que es increíble.

Se que hay ideas y experiencias muy queridas. Textos muy especiales que te llenan de orgullo y alegría y que sería bueno compartirlo con más gente. Ideas en las que creo y quisiera que lleguen a más personas. Para mi, un ejemplo de esto es una experiencia que dimos a conocer como plan nexos.

Cuento un poco de esto este post que replicamos en inglés con el equipo de Abstracta para el blog de la empresa. Una vez más combinando varias de mis intereses: en este caso el inglés. Y la verdad que  quedó  verdaderamente  precioso!

Les comparto el link así lo seguimos replicando en varios idiomas. A ver si hacemos llegar ideas como estas cada vez mas lejos!

When we care less about our people, our people become careless

Esta frase en inglés hace un juego de palabras con cuidar. Care. Podemos traducirla como “cuando descuidamos a nuestra gente, nuestra gente se vuelve indiferente”. Esta palabra está en el centro de lo que hago hoy en día. People Care.  Debo confesar que al principio me parecía un poco vende humo hablar de people care o cuidado de las personas. Me parecía demasiado vago el concepto. Pero cada vez me es más claro lo importante es que más empresas lo incorporen a sus organigramas.

Como mamá claro que se que cuidar es importantísimo. Como maestra y profesora también. Como psicóloga clínica es fundamental. Pero nunca me imaginé que plasmar esto iba a ser posible en un ámbito empresarial. Tradicionalmente esto no está presente en la descripción del rol de los psicólogos en las instituciones. Al menos no lo era para mi. No era en lo que pensaba cuando me decían Recursos Humanos.

Los equipos se forman a partir de una tarea. Es a partir de pasar tiempo juntos nos vamos conociendo el uno al otro y vamos aprendiendo a valorar la presencia del otro. Esto no se da mágicamente. Sin embargo, muchas veces dejamos que las personas se “manejen” y cuando empiezan en un trabajo nuevo sienten que “los mandaron a la guerra con un escarbadientes”.

Esto se da aún en organizaciones llenas de buenas intenciones. Y es que el cuidado no puede recaer sólo en un par de profesionales. Para ganar visibilidad sobre este tema, hicimos un taller sobre el cuidado de las personas nuevas en los equipos. Llamamos a esta iniciativa  Nexos porque justamente este equipo de personas va a operar como nexo en el proceso de integración y a lo largo de su paso por la empresa.

Hace unos días llevamos adelante una primer jornada de sensibilización y capacitación para tomar conciencia sobre estos temas. Para eso salimos de la ciudad y tuvimos varias actividades que giraron en torno a cómo cuidar a los otros.

Me querría detener en una en especial, en la que el centro de la acción no eran las personas, sino el acto de cuidar. En este caso cuidar plantines de lechuga.  ¿Qué esperamos que suceda a la hora de cuidar a personas adultas en toda su complejidad, si no logramos siquiera cuidar a una pequeña planta?

Como jardinera y ferviente admiradora de la Madre Naturaleza, me gustaría compartir algunas de las lecciones a las que llegamos ese día.  Lecciones que aprendimos contemplando los tiempos y procesos de la naturaleza. Lecciones que se aplican a la huerta pero que aparte funcionan como una rica metáfora para nuestro proceso de onboarding en una empresa:

  1. Pensar antes de tomar decisiones. Evaluar e informarse. Conocer las necesidades y evaluar su interacción con el resto de la huerta.
  2. Meter mano en la tierra. Comprometernos con la tarea.
  3. Elegir el terreno adecuado. Que esté en un espacio un poco más grande siempre que el tamaño actual para dar lugar al crecimiento.
  4. Asegurarse que a donde vaya tenga las condiciones correctas: tierra fértil, buen drenaje, etc.
  5. Regar con mucha agua al principio y apretar la tierra para ayudar a que desarrolle sus raíces rápidamente.
  6. Para raíces profundas, regar abundantemente una vez cada dos días. Si sólo riego un poquito cada día, voy a tener un crecimiento rápido pero raíces muy superficiales y poco resistentes.
  7. Cuidarla del sol fuerte. Resguardarla cuando sea necesario.
  8. Si en algún momento se debilita, asegurarse que asoleamiento y las condiciones sean las indicadas, dar  abono extra, y colocar un tutor. Ojo con exceso de agua. No hace bien. Pudre las raíces.
  9. Limpiar la tierra alrededor.  Cuidar de malezas que haya cerca que le quitan fuerza.
  10. Re-evaluar periódicamente si está en el lugar correcto. Considerar su ritmo de crecimiento. Que contenga pero no ahogue. Y que siempre de lugar al crecimiento.

A partir de estos pasos nos dimos cuenta que coinciden con los cuidados que valoramos cuando alguien se integra a un equipo. Movidos por esto, entre todos generamos una guía de buenas prácticas, para hacer de nuestra empresa un mejor lugar para trabajar.

¡Y aparte nos llevamos un plantín!

El arte de la escucha

Mucho se habla sobre cómo podemos mejorar como hablamos.  Pero gran parte del éxito en la comunicación se juega antes. Mucho antes. Para ello necesitamos dominar el arte de la escucha. No sólo es importante escuchar al otro, sino también escucharse a uno mismo antes de hablar.

¿Cómo sería esto? Y bueno, ampliar nuestra escucha, y tener esas orejas de conejo bien entrenadas como para poder filtrar las ideas que se nos vienen a la cabeza y ver si esa idea realmente aporta; si es significativo para el otro y sobretodo evitarlo si no aporta para minimizar el ruido en la comunicación.

Discrepo con frases del tipo “yo soy frontal” “a mi si algo se me ocurre voy y lo digo”.  Este tipo de actitudes no están movilizadas por el otro, sino más bien surgen de una posición donde no se está considerando al otro. La motivación para decir eso es personal. No es teniendo al otro en el foco de la comunicación y por ende siempre, siempre va a resultar violento.

Esto por supuesto no quiere decir sólo decir cosas lindas.. Pero si implica entender que hay un tiempo, un lugar y sobretodo una forma de decirlo.