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Día de la madre 2021: comprender, empatizar, reflexionar y agradecer

A lo largo de estos años en Abstracta hemos compartido la celebración del día de la madre de diferentes maneras. Este año, conciliar la maternidad con nuestros otros roles sigue siendo desafiante. Así que lo seguimos pensando.

Supimos regalar a las mamás del equipo una experiencia a través de un momento para ellas. También probamos compartir una merienda con un momento de reflexión. Nos encontramos y nos contamos historias, compartimos los aprendizajes que recibimos de nuestras madres más allá de los estereotipos y también acompañamos este día desde un silencio respetuoso.

Supimos conectarnos con algo de aquello que hace a la maternidad tan especial. También abrimos una puerta a que aún quienes son jóvenes pudieran pensarse en un futuro como adultos responsables de otros desde la experiencia de cuidar.

Hoy, volvemos a elegir salir de los estereotipos de la maternidad idealizada y consumista. Volvemos a promover la reflexión para conectar con nosotros y con los demás. Desde nuestros lugares podemos promover que esta fecha sea una oportunidad para poder compartir,  conocer, empatizar y así poder conectar cada día un poco más con los otros para sentirnos menos solos.

En un año que ciertamente ha tenido muchos desafíos para las madres, apostamos a seguir creciendo en estrategias para apoyarlas a que puedan compatibilizar sus diferentes roles. Sabemos que podemos hacer mucho para ayudar a las madres que trabajan y que esto tiene un gran impacto en su bienestar.

Este día de la madre, celebremos a quienes son madres y también conectemos con nuestras madres.

Aprovechemos el momento para seguir preguntándonos sobre los roles tradicionales de género y a apostar por mayor equidad.


#RECOMENDADO

En este episodio especial de nuestro podcast The Everything Else podés conocer nuestras reflexiones para padres y no padres.

¿Por qué la crianza de los hijos se hace tan difícil a veces?  ¿Qué podemos hacer como padres para sentirnos más conectados con nuestros hijos y disfrutar más la etapa esta que es tan exigente?. También nos preguntamos: ¿qué podemos hacer para sentirnos conectados también con nosotros mismos y nuestra autenticidad?  Y para valorar a las madres y padres en sus roles laborales nos preguntamos: ¿Hay aprendizajes vitales en el camino de la parentalidad que pueden potenciarse en roles de liderazgo y a conectar con los demás?

Pongamos sobre la mesa la importancia de apoyar a los padres que trabajan durante estos tiempos difíciles.

Hay mucho que se puede hacer para acompañar este camino; desde más trabajo asincrónico, hasta una charla cómplice cuando algún hijo o hija se suma al zoom inesperadamente. ¿Se te ocurren algunas más?

La luna y un deseo

Hoy me desperté muy temprano. Es un nuevo hábito dirán algunos. Una necesidad por la pandemia dirán otros. Algo de los dos talvez. Yo siento que es un acto casi desesperado por escucharme pensar.

Cuando me desperté hoy allí estaba ella. La super Luna. Una luna brillante y maravillosa y no pude otra cosa que sentarme a admirarla… y en ese momento escuchando de fondo la banda sonora del amanecer, me llovieron pensamientos que quiero compartir.

Les cuento: nuestro hijo mayor tiene 5 y hace tiempo que en casa se habla mucho del espacio y su fascinación por sus misterios. Ayer murió Michael Collins y la Luna fue el tema ineludible. Y fuimos contando cosas. dimos datos, compartiendo con el información. Y me escuché decir entre esas cosas frases como: “la luna no tiene luz propia, refleja la luz del sol”. “es mucho más pequeña que el sol” “Ves? en la luna todo es roca”. “Es mucho más pequeña que la tierra”.

(Sepan disculpar los eruditos del tema, recuerden por favor que le estoy contando a un niño de 5 años sobre nuestro satélite natural. ;))

Hoy observándola, volvíeron esas frases a mí. Y pensaba. Esos datos, si bien son hechos; ¿reflejan la belleza y la fascinación que la luna genera?. ¿No se quedan cortos? ¿No es un relato que empobrece mucho a la luna?

Me preguntaba, ¿no somos todos un poco como la luna reflejando luz de otros más grandes? esto, o el hecho de que sea mucho más chica, la desmerece? Al final del día, la luna en ciertas condiciones incluso logra cada tanto hasta eclipsar al astro rey.

Vivimos en un mundo de datos. Donde la belleza y la poesía de la vida es vista como secundaria. Trabajando en IT muchas veces escucho frases como “ta, pero eso es filosófico”, “Bueno, pero ¿y eso cómo se mide?” La tendencia es siempre ir a los datos. A lo “puro y duro”. Y qué importante es sumar. Datos y sentido.

No puedo evitar recordar una frase que una vez escuché decir a Pipe Stein: “las respuestas vienen de la data, pero las preguntas vienen de los libros”.

En este momento de agobio mental luego de más de un año de estar viviendo en pandemia, deseo muchos más madrugones como el de hoy, tener tiempo para escucharme pensar más y leer más libros.

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No hubo regalo para las madres

Me cansé del consumismo vacío. Estoy cansada de las publicidades llenas de mandatos sobre cómo hay que demostrar el agradecimiento a las madres desde los regalos y que el amor se mide en el monto gastado en el mencionado regalo. ¡Basta! Lo hacemos en las fiestas, y en cada “fecha de”. Me cansa y me da pena ver como la riqueza del vínculo queda capturada por el consumo.

Recuerdo vívidamente el primer día de la madre en que mi hijo salió con un regalo del jardín hecho por él. Su cara de orgullo, la anticipación de la sorpresa, los preparativos secretos para hacer algo para mí. El acto de regalar en sí mismo. Ofrecer algo de sí para el placer del otro. Simplemente emocionante. Me fascinó ese “portalapices-hecho-de-palillos-con-manitos-pintadas”. No por el objeto en sí. Pero por lo que eso generó en él.

Como Chief People Officer una de mis tareas es pensar qué hacer para el equipo en estas fechas. Y si. Lo veo como una chance más de aportar para cambiar aquello que no me gusta. No me gusta ir a la segura y regalar algo vacío. No me gusta que se mida que tan valoradas son las madres en la empresa según lo caro que es el regalo.

Por esto el año pasado regalamos una experiencia. Un momento para ellas. Un mimo al cuerpo. Un masaje relax. Pero para mi sorpresa, no todas se hicieron el tiempo para ir. ¡Que ingenua yo! Pensándolo tiene sentido.. Si lo que a las madres -y no madres-  nos falta muchas veces es tiempo. Tiempo para pensar en uno mismo. Tiempo para conectar con uno mismo y con los demás.

Como soy terca este año redoblé la apuesta. Seguí sin aceptar hacer aquello de lo que me quejo.

Esta vez apuntamos a todo el equipo. Aprovechar la oportunidad para pensar en nosotros mismos. Regalar una pausa. Un tiempo de reflexión. Así que organizamos una merienda muy rica en la que pudiéramos celebrar a quienes son madres y también para conectar con nuestras madres. Porque si bien en la empresa sólo hay 5 madres, todos somos hijos.

Se armó un circulo de reflexión precioso. Por zoom se sumaron remoto desde el interior del país y del exterior. Y lo mejor, tenemos lugar para muchos más aún.

Pudimos hablar esta vez no sobre cómo estamos. Sino que nos concentramos en quienes somos hoy. A través de hablar de nuestras madres pudimos compartir algo sobre de dónde venimos y porqué somos como somos. Por eso se llamó “porque no nacimos de un repollo ni nos trajo la cigueña”.

Intentó ser un espacio para conocernos más: a nosotros mismos y a los demás. Poder zafar de los estereotipos de la maternidad idealizada y consumista. Aprovechar la oportunidad para seguir apostando a cuestionarnos sobre los roles tradicionales de género y apostar por mayor igualdad.

¡Qué ambicioso suena esto! ¿y saben qué? Fue mucho más.

En el equipo tenemos mucha gente que no tiene a sus madres cerca por distintos motivos. Sus lágrimas (ups. si.. hubo alguna lágrima también) nos emocionaron y pudimos acompañar y escucharlas. Con cada historia, nos fuimos poniendo en el lugar del otro.

En tiempos obsesionados con aprender “soft skills” nos encontramos ante una dificultad de base. No hay manera de aprender a ser empático teóricamente. No hay clases ni trucos para ser más empáticos que den frutos realmente más que empezar a ejercitarla. Por supuesto que esto se hace en el día a día. Pero también es cierto que hay mil maneras de zafar de esas conversaciones más sentidas. Esta vez, nos metíamos de lleno. A conciencia. Y a hablar nada más ni nada menos que de las madres! Y en mi humilde opinión, esto fue una experiencia maravillosa.

Tender puentes con los otros. Nos enriquece por donde lo miremos. Que nos conozcan más ayuda a que sean más amables y tolerantes con nosotros. Y nosotros con ellos. Esta vez aparte, pensamos en nuestro presente a la luz de nuestro pasado y con un pie en una posible proyección a futuro -para algunos más cercano que para otros. Porque nada dice futuro como los hijos!

A través de las distintas historias pudimos pensar en cómo es posible integrar a nuestros hijos actuales o futuros a nuestra vida cotidiana. Considerar y valorar el cuidado del otro – hijos u otros seres queridos – como parte prioritaria de nuestras vidas sin dejar de lado nuestra realización personal y profesional. Apostar por ser personas que podamos salir de nosotros mismos y volcarnos a los demás no desde la obligación sino desde el amor.

Nos conectamos con nuestras madres no desde el reproche infantil sino desde el agradecimiento de un adulto hacia otro. Valorando lo que pudieron darnos. Hasta pudimos abrir una puerta a pensarnos en un futuro como adultos responsables de otros, no desde lo que se pierde en el acto de maternar sino desde el plus que nos da la experiencia de cuidar. Todo esto sin dejar de vista que como equipo somos parte de una red de sostén y lo importante que es  cuidar a quienes cuidan.

¡Una maravilla de encuentro! ¡Gracias a todos quienes se animaron a venir!

 

Talleres de reflexión

Creo profundamente en el poder de los grupos. Me fascina ver la sorpresa cuando se descubre lo distinto a mi que es el otro. Dejar eso en evidencia y sorprendernos juntos. Aprender el uno del otro, y ver nuestros problemas desde otras perspectivas.

Creo profundamente que estos encuentros movilizan nuestras certezas. Y esto es vital. Porque la duda tiene un poder transformador. Sin cuestionamiento no hay posibilidad de cambio.

Por estos dos motivos creo que abrir espacios de reflexión sobre temas variados es siempre muy enriquecedor y se necesitan más de estos momentos. Más cuando es en grupo, más aún cuando ese grupo es súper heterogéneo.

Estos espacios de reflexión aparte de ayudarnos a cuestionarnos si estamos actuando bajo automatismos o si estamos eligiendo nuestro camino, son instancias donde conocemos a nuestros pares bajo una nueva luz – más vulnerable, donde conectamos a nivel personal y nos apoyamos los unos en los otros.

Vamos a estar haciendo varios este año haciendo foco en distintas temáticas. Espero que les entusiasme la idea. ¡Nos estamos viendo!

 

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¿Un blog más? ¿Para qué?

Siempre me gustó mucho compartir lo aprendido. Maestra ciruela dirán algunos. Es verdad. Me tomo aprender muy a pecho. Cuando encuentro algo que me aporta y se que puede aportar a otros también, me fascina compartirlo. Pero cuando empecé a trabajar como psicóloga, y esos aprendizajes surgían de la clínica, compartir lo aprendido se hizo más difícil.

El consultorio es un lugar muy privado. El tan necesario secreto profesional claramente no ayuda. Los pacientes pocas veces cuentan sus experiencias. Y a no ser que seas una celebrity argentina en los años 90, la gente no anda contando lo que habla en terapia con su analista. Así, el terapeuta tampoco puede estar hablando de lo que habla con sus pacientes.

A mi hay algo de eso que me seduce. Lo que pasa puertas adentro en el consultorio es una experiencia única. No hay testigos y se dan intercambios verdaderamente auténticos. Es una experiencia maravillosa. Un verdadero privilegio poder acompañar a mis pacientes en sus procesos.

Pero también sé que mucha gente queda por fuera por esto. Gente a la que le vendría muy bien algunas de estas herramientas. Personas que no se acercan por prejuicios. Si. Hay tabúes que siguen muy actuales. Y hay mucha falta de información sobre la herramienta aún.  

Estoy convencida que parte de nuestra labor implica salir del consultorio. Necesitamos más espacios para poder compartir nuestro conocimiento y acercarnos en un idioma sencillo a quienes nos necesitan.

Esto se puede hacer de muchísimas maneras. Yo he ido eligiendo distintas estrategias según los distintos momentos de mi vida. Antes lo hice a través de la educación, en salones de clases, institutos, escuelas. Hoy, se me abrieron otras puertas. Empresas y emprendedores que se animan a innovar, donde confían en mí y me dan carta libre para llevar adelante acciones de promoción de salud y prevención.

A partir de estas experiencias, y de otras oportunidades que vinieron de la mano como eventos empresariales y meetups surgieron muchas reflexiones que me llevan a escribir este blog. Espero lograr plasmar algunas de las preguntas, observaciones y comentarios que me van surgiendo para seguir pensando en estos temas.